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Sujéteme el cubata

Sujéteme el cubata

 

El vídeo de Boris Johnson bailando en una fiesta-botellón organizada durante uno de los confinamientos estrictos de la población inglesa con motivo de la pandemia, puede ser algo así como un icono y un símbolo de la clase política actual. Es cierto que en general les suelo proponer otros ejemplos más cercanos a nosotros, porque también los tenemos en abundancia, pero éste del premier británico reúne todos los elementos que suelo criticar de los actuales dirigentes políticos. Mientras él lo daba todo (el cabello aún más despeinado y copazo en mano), contoneando sus 120 kilos junto a una señora de color que portaba en la mano una "espada de luz", sus conciudadanos estaban en sus casas, preocupados, con miedo, sin soluciones a sus problemas y sin expectativas.

Intenten ustedes, queridos lectores, ir más allá de la icónica imagen, más allá de la anécdota y de la polémica. ¿Puede un político, un primer ministro de una nación, en plena pandemia, estar de baile, de fiesta, bebiendo y riendo, mientras el resto de la nación sufre y lo pasa mal?, ¿qué clase de empatía tienen estos dirigentes?, ¿de dónde han salido? ¿Quién les ha enseñado la moral, la ética, el sentido común, el respeto a los demás..., la caridad con aquellos que están sufriendo? Johnson ha pedido disculpas, es verdad, pero sus palabras sonaron dentro de la Cámara de los Comunes a impostura más que a sincero arrepentimiento. Una vez más, la clase dirigente demuestra vivir en un mundo paralelo al del resto de la ciudadanía.

Cuando se habla de las "amenazas del sistema", es necesario subrayar que nada atenta más contra la democracia liberal que la creciente distancia entre los votantes y los votados. Y muy al contrario de lo que creen la mayoría de los MCS (con sus sesudos analistas quizá demasiado cómodos en sus planteamientos), esos casos no están solo en la Rusia del díscolo Putin, ni en la China comunista, ni en la Nicaragua del sátrapa Ortega. Esos casos se dan aquí, en la "ejemplar" Europa que lleva siglos alumbrando la Civilización; esa Europa que dejó los principios y valores cristianos para abrazar el relativismo moral, charca y ponzoña de la que proceden casi todos sus males. Nuestros males.

Corremos el riesgo de creer que el vídeo de Johnson es "una anécdota", algo que "puede pasarle a cualquiera" y que "no demuestra nada". No es así. Hace unas décadas, ningún político se hubiese atrevido a hacer algo así; hace unos años, hubiese dimitido al día siguiente de conocerse la noticia. Ahora, no hay ninguna consecuencia. La ética cotiza a la baja en la política, y eso es un gravísimo problema si queremos no repetir episodios dramáticos de nuestro pasado común.

El principal enemigo de la democracia no es el fascismo, ni el comunismo, ni el populismo (como vociferan algunos cansinos), sino el uso ilegítimo y desvergonzado de las instituciones democráticas por parte de los cargos públicos. Creo que va siendo el momento de que aprendan la lección.

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