El poder por el poder
Le pido a usted, lector, que recuerde si el poder legislativo nacional ha resulto en los últimos cuatro años alguno de los problemas que le afectan con más o menos urgencia. Padres e hijos buscan casa vivienda para proyectos familiares. Algunos ciudadanos son desahuciados de las suyas por no poder aceptar las nuevas condiciones. Y son utilizados por el poder político como arma de agitación y odio. ¿Resuelven su problema? No. Solo usan el caso y convierten a esas personas en juguetes rotos, pretextos de batalla, historias que se arrojan luego al vertedero cuando ya no sirven para nada más.
Del Congreso no ha salido una sola ley relevante en los últimos cuatro años. Ni siquiera la más importante cada año, que es la de los presupuestos del Estado. Estado. ¿Existe el Estado? ¿Compareció en Valencia durante la DANA? ¿Se le ha visto en Ceuta durante la invasión? Lo poco que quedaba del Estado, el servicio secreto, ha sido manoseado, depreciado y triturado en las semanas posteriores al asalto. Ya ni los espías se fían de su patrón, ya ni firman los informes. No hubo Estado en Adamuz, lugar de una tragedia criminal provocada por la indigencia en la gestión de la red ferroviaria.
Entonces, si nada ha salido del Congreso, si la democracia no sirve para resolver los problemas de la nación, ¿a qué viene tanta batalla, para qué tanto empeño en mantenerse Sánchez en la presidencia del Gobierno? Si ni siquiera sus socios le apoyan en decretos y normas, ¿qué le empuja, ¿qué le sostiene? El único afán del poder por el poder, el empeño en destrozarlo todo, en servirse de todo y no servir a nadie. Hasta los narcos tienen más principios que su sanchidad. Traficantes de droga le dijeron que no a los enviados socialistas que querían utilizarlos para dar un escarmiento a la juez que se atrevió a investigar al hermanísimo. Nos gobierna algo peor que una mafia, y su único propósito es perpetuarse, con la complicidad de un grupo de cómplices que comparecen a diario en las televisiones.

