Hodio
Décadas dedicada al periodismo político. Programas de radio, televisión, prensa escrita… Y siete en política. Siempre defendiendo mis ideas con vehemencia.
Les aseguro que jamás había sentido odio por parte de nadie. De hecho, tengo muchísimos amigos que piensan diferente, con los que debato con ardor, pero nos llevamos muy bien.
Sin embargo, algo ha cambiado. En los últimos tiempos, de la mano de la polarización que tanto conviene a Sánchez, se ha extendido el odio, a la par que los extremos se han fortalecido. Es muy triste sentirlo. Cierto es que no me pasa en las calles de Torrelodones, donde la inmensa mayoría me sonríe cuando nos cruzamos en el pueblo o en la Colonia.
Pero hay unos pequeños grupúsculos dedicados a sembrar difamación y… odio. Lo hacen en redes sociales amparados bajo lo que creen es anonimato. Son violentos. Y cobardes. Han llegado a difamar a empresas privadas, en cuya puerta han depositado basura. Literalmente, basura. Podían haber dejado sus retratos.
Hemos asistido a campañas de odio dirigidas contra nuestra concejal Manuela Sánchez, 19 años cuando sucedió, alentadas por una fuerza política. Mensajes en redes en que le deseaban todo tipo de burradas y ser víctima de los peores delitos. El caso está sub iudice. ¡Ay la velocidad de la Justicia! Unos y otros trataron de usar la muerte de mi padre contra mí. Carecen de límite moral aunque den lecciones.
Han condenado en los juzgados a una persona, quien por cierto ni siquiera reside habitualmente en España, que me amenazó de muerte por teléfono. Aún no sabemos cómo accedió a mi número personal.
Hay que frenar este odio. Porque España no puede volver al frentismo del siglo pasado. Y debemos de hacerlo desde la moderación, la calma y el amor. No somos como ellos. Somos infinitamente mejores.


