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ÚLTIMA EDICIÓN | SIERRA MADRILEÑA

El compositor Fernando Marín presenta siete sinfonías que retratan el alma de la Comunidad de Madrid

El compositor Fernando Marín presenta siete sinfonías que retratan el alma de la Comunidad de Madrid
  • El músico y escritor madrileño culmina después de 25 años un ciclo sinfónico que recorre la pasión, la luz, el romance y la grandeza de la ciudad que le vio nacer

El compositor y músico madrileño, Fernando Marín, ha dado a conocer OPUS Madrid, un ambicioso trabajo de siete obras sinfónicas que constituye, según sus propias palabras, «la obra de la madurez, la que llevaba dentro desde que era niño y miraba el cielo de Madrid preguntándome por qué esa luz no existía en ningún otro lugar del mundo». Compuesto y finalizado después de 25 años, OPUS Madrid es tanto un homenaje a su ciudad natal como una declaración artística de plenitud creativa. Marín, que ha compaginado su labor compositiva con la de la docencia y formación a través del Instituto IDEAL Corporación, impartiendo cursos de Emprendimiento y Liderazgo en municipalidades de España e Hispanoamérica, lleva una extensa trayectoria como músico y letrista en múltiples idiomas. En OPUS Madrid ha construido siete piezas como un recorrido emocional y sensorial por los distintos rostros de Madrid: desde la energía flamenca de sus noches hasta la elegancia borbónica de sus paseos, desde la luz dorada que inmortalizó Velázquez hasta la vibración de una ciudad que nunca deja de reinventarse.

«Madrid no es solo el lugar donde nací; es el lugar donde aprendí a sentir la música. Sus cielos son la partitura que siempre quise escribir.»

SIETE MOVIMIENTOS, SIETE MIRADAS

El ciclo se estructura en siete opus independientes pero concebidos como un todo orgánico. Cada pieza explora una dimensión diferente de Madrid, desplegando un arco dramático que va desde la celebración del talento creativo de la ciudad hasta un cierre triunfal que mira hacia el futuro:

  • I. Madrid Show Talent — El genio creativo de una ciudad que es escenario del mundo. Celebra el genio creativo de una ciudad que es escenario del mundo. Cuatro movimientos que recorren ese derroche de talento:
    1. El Lienzo del Prado — Madrid como cuna del arte universal. Velázquez, Goya, El Greco: siglos de genialidad concentrados en un solo paseo. Un movimiento majestuoso y solemne, como caminar por las salas del museo sintiendo el peso de la belleza acumulada.
    2. Tablaos de Medianoche — El talento visceral, el que brota del cuerpo y del alma. El taconeo en los tablaos de La Latina, la guitarra rasgada, el cante que desgarra. Un movimiento rítmico, intenso, con olor a madera vieja y pasión desbordada.
    3. Telón en la Gran Vía — El Madrid escénico: los teatros, los musicales, la Gran Vía como Broadway castizo. Un movimiento brillante, espectacular, lleno de fanfarria y color, que captura esa sensación de que en Madrid cada noche se levanta un telón.
    4. Versos en Lavapiés — El talento que nace de la calle, el que no pide permiso. Los poetas en los bares, los músicos callejeros, los pintores en las plazas de Lavapiés y Malasaña. Un movimiento libre, bohemio, lleno de vida y de verdad. El cierre perfecto: Madrid no solo exhibe talento, lo genera en cada esquina.
  • II. Madrid Romantic Paradise — El Madrid íntimo: atardeceres en Debod, besos en las plazas. Es el Madrid íntimo y enamorado. Cuatro movimientos que recorren ese universo de ternura y belleza:
    1. Atardecer en Debod — El momento mágico por excelencia del Madrid romántico: el sol cayendo tras el templo egipcio, el cielo encendido en rosa y violeta, las parejas en silencio compartiendo ese instante que parece detener el tiempo. Un movimiento lento, cálido, casi hipnótico.
    2. Susurros en la Castellana — El paseo nocturno bajo las farolas, las conversaciones a media voz, los pasos sobre las hojas. Madrid se vuelve confesionario al aire libre, un escenario donde las palabras pesan menos que las miradas. Un movimiento fluido, elegante, con aire de nocturno.
    3. Rosas en el Rosaleda — La Rosaleda del Retiro en plena floración: el perfume, el color, la delicadeza. Un movimiento dedicado a la belleza pura, a lo que enamora sin necesidad de explicación. Lírico, luminoso, casi pastoral.
    4. Besos en Plaza de Oriente — El gran finale romántico. La plaza iluminada, el Palacio Real como testigo, la fuente sonando de fondo. Un movimiento que celebra el amor en su plenitud, con Madrid como el escenario más hermoso que dos personas podrían soñar. Apasionado, envolvente, memorable.

 

  • III. Madrid, Heart of Fire — Pasión castiza, temperamento flamenco, energía nocturna. Es la pasión pura, el temperamento, el fuego que arde en las entrañas de esta ciudad. Cuatro movimientos:
    1. Fragua de los Austrias — El fuego originario. El Madrid antiguo, las calles estrechas del barrio de los Austrias donde se forjó el carácter de la ciudad. Herreros, taberneros, pícaros, hidalgos: siglos de historia ardiendo en cada piedra. Un movimiento oscuro, poderoso, con percusión que suena a martillo sobre yunque, como el latido primigenio de una ciudad que nació con temperamento.
    2. Quejío en San Fernando — El flamenco como lengua materna del fuego madrileño. El cante jondo brotando de las academias y los tablaos, la voz rota que dice lo que las palabras no pueden, la guitarra que llora y ríe al mismo tiempo. Un movimiento desgarrador, libre, con silencios que queman más que las notas. Madrid no inventó el flamenco, pero lo hizo suyo con una intensidad que solo el fuego entiende.
    3. Tormenta sobre Cibeles — La furia de Madrid. Las tormentas de verano que revientan sobre la ciudad sin avisar, los rayos iluminando la diosa de piedra, el agua golpeando las calles con rabia y limpiándolo todo. Un movimiento explosivo, turbulento, con toda la orquesta desatada. Madrid cuando se enfada es tan hermosa como cuando sonríe.
    4. Brasas de Medianoche — El fuego que no se apaga. Madrid después de la tormenta, después de la furia, después de todo: las brasas que siguen ardiendo en los bares de madrugada, en las conversaciones que no terminan, en los ojos de quienes se niegan a dormir porque esta ciudad tiene demasiado que ofrecer. Un movimiento lento, profundo, incandescente, que se cierra con un último acorde sostenido como una brasa que nunca, jamás, se extingue.

 

  • IV. Madrid Golden Light — La luz legendaria que Velázquez ya pintaba. Es la luz legendaria de Madrid, esa claridad dorada que no existe en ningún otro lugar del mundo. Cuatro movimientos:
    1. Primera Luz en los Tejados — El amanecer sobre los tejados de Madrid. La primera pincelada dorada rozando las tejas, las veletas, las cúpulas. La ciudad aún dormida recibiendo ese regalo diario que la hace única. Un movimiento delicado, casi susurrado, como si la orquesta tuviese miedo de despertar a la ciudad antes de que el sol termine su obra.
    2. El Cielo que Pintó Velázquez — El mediodía madrileño en todo su esplendor. Ese azul profundo, limpio, infinito, que hizo que Velázquez eligiese Madrid como su lienzo definitivo. La luz cayendo vertical sobre las fachadas, las sombras nítidas, el aire transparente. Un movimiento amplio, majestuoso, radiante, que intenta hacer con sonido lo que Velázquez hizo con óleo.
    3. Oro sobre el Manzanares — La tarde dorada. El sol descendiendo y convirtiendo el Manzanares en un río de oro líquido, Madrid Río bañado en ámbar, los puentes históricos brillando como joyas antiguas. Un movimiento cálido, contemplativo, con esa melancolía dulce de la luz que sabe que se está yendo pero se demora como quien no quiere marcharse.
    4. El Último Rayo en las Cúpulas — El instante supremo. El último segundo de sol atrapado en la cúpula de San Francisco el Grande, en la Almudena, en los chapiteles de los Austrias. Madrid entera convertida en oro durante un parpadeo. Un movimiento breve, intenso, deslumbrante, que se apaga como se apaga ese rayo final: dejando la certeza de que mañana volverá.

 

  • V. Madrid, City of Dreams — La ciudad que acoge a quienes buscan algo más grande. Es la ciudad que acoge, que promete, que transforma a quien llega buscando algo más grande. Cuatro movimientos:
    1. La Puerta que Espera — La Puerta de Alcalá como símbolo eterno de bienvenida. Generaciones entrando por ella con una maleta y un sueño, desde los pueblos de España hasta los rincones más lejanos del mundo. Un movimiento inaugural, amplio, esperanzador, con esa emoción contenida de quien pisa Madrid por primera vez y siente que todo empieza.
    2. Atocha, Corazón de Llegadas — La estación como útero de la ciudad: el lugar donde los sueños desembarcan. El jardín tropical bajo la bóveda de hierro, los trenes que traen vidas nuevas cada minuto, el rumor de mil historias cruzándose sin saberlo. Un movimiento palpitante, lleno de movimiento y humanidad, con una melodía que crece como la multitud que se derrama por los andenes.
    3. Noches de Malasaña — El Madrid donde los sueños toman forma. Los bares donde se escriben guiones, las salas donde se ensayan canciones, los estudios donde alguien pinta su primer cuadro a las tres de la madrugada. Un movimiento libre, nocturno, con sabor a café frío y ambición joven. La bohemia como motor de lo posible.
    4. Amanecer desde el Cerro — El gran finale. Madrid vista desde el Cerro del Tío Pío al amanecer: la ciudad entera desplegada bajo un cielo que se abre como una promesa. Quien subió con un sueño mira ahora una ciudad que le pertenece. Un movimiento ascendente, luminoso, triunfal, que cierra con la certeza de que Madrid no solo acoge los sueños, los hace posibles.

 

  • VI. Madrid Eternal Waltz — Elegancia clásica: El Retiro, las fuentes, la arquitectura borbónica. Es la elegancia intemporal, el Madrid noble y clásico que atraviesa los siglos con gracia. Cuatro movimientos:
    1. Salones del Palacio Real — La grandeza borbónica en todo su esplendor. Los salones de trono, los frescos de Tiepolo, los candelabros reflejándose en el mármol. Un movimiento ceremonial, solemne, con aire de minueto regio que evoca los tiempos en que Madrid dictaba el compás de un imperio.
    2. El Cristal y el Lago — El Palacio de Cristal del Retiro reflejado en el agua quieta. La perfección geométrica, la luz atravesando el hierro y el vidrio, los cisnes deslizándose sin prisa. Un movimiento delicado, transparente, casi de cámara, donde cada nota brilla como la luz filtrada por esas paredes de cristal.
    3. Fuentes que Danzan — Cibeles, Neptuno, Apolo: las grandes fuentes de Madrid convertidas en coreografía. El agua que sube y cae con ritmo propio, los caballos de piedra en eterno galope, la espuma dibujando figuras al viento. Un movimiento ondulante, juguetón, que captura el vals perpetuo del agua sobre la piedra.
    4. Crepúsculo en Sabatini — El cierre perfecto. Los Jardines de Sabatini al caer la tarde, los setos recortados con precisión geométrica, la última luz dorando las estatuas de los reyes. Madrid se despide del día con la elegancia de quien sabe que mañana volverá a ser hermosa. Un movimiento sereno, noble, con un final que se apaga como un vals que nadie quiere que termine.

 

  • VII. Madrid Rising Symphony — La ciudad que se reinventa sin olvidar sus raíces. Habla de la ciudad que se reinventa y mira al futuro sin olvidar sus raíces. Cuatro movimientos que podrían recorrer ese arco triunfal:
    1. Amanecer en Cibeles — El despertar de la ciudad, la primera luz rozando la diosa de piedra, Madrid que abre los ojos cada día con la misma fuerza de siempre. Un movimiento inaugural, solemne y esperanzador.
    2. Latidos de Gran Vía — El pulso urbano, el corazón rítmico de Madrid: el tráfico, las voces, los neones, la vida que no se detiene. Un movimiento enérgico, casi percusivo, que captura el nervio de la ciudad en movimiento.
    3. El Retiro en Silencio — El contrapunto íntimo: Madrid sabe también detenerse, respirar, contemplar. El lago, los árboles centenarios, la luz filtrada entre las hojas. Un adagio reflexivo antes del gran cierre.
    4. Torres hacia el Cielo — El finale triunfal. Las Cuatro Torres rasgando el horizonte, Madrid proyectándose hacia el futuro con ambición y grandeza. Un movimiento ascendente, luminoso, que cierra el ciclo entero con la certeza de que esta ciudad siempre se levanta. 

 

UNA OBRA DE MADUREZ

Lejos de ser un ejercicio de nostalgia, OPUS Madrid es el fruto de décadas de oficio musical y artísitco. Fernando Marín llega a esta obra tras una carrera que ha abarcado la composición en español, italiano, francés e inglés, la escritura de novelas y poemarios, y una profunda inmersión en las tradiciones musicales europeas, desde la chanson francesa hasta la canción de autor italiana, pasando por el flamenco y la música clásica. «A los 56 años uno ya no compone para demostrar nada», explica Marín. «Compone porque necesita devolver algo de lo que la vida le ha dado. Y lo que la vida me dio, ante todo, fue Madrid: su luz, su gente, su fuego, su belleza. Este ciclo es mi forma de decir: Gracias.» El resultado es una obra que combina la ambición formal de la gran tradición sinfónica con una sensibilidad profundamente personal y mediterránea. Cada opus funciona como una pieza autónoma, pero escuchados en secuencia, los siete movimientos trazan un retrato coral de una ciudad que, como su autor, ha alcanzado la plenitud sin perder ni un ápice de su pasión.

LOS CIELOS DE MADRID COMO PARTITURA

Quienes conocen a Fernando Marín saben que su relación con Madrid trasciende lo biográfico. Nacido en la capital, ha mantenido siempre un vínculo casi metafísico con la ciudad, y en particular con sus cielos, que describe como «inigualables e inspiradores». Esa luminosidad característica —la misma que atrajo a pintores de todas las épocas— se convierte en el hilo conductor sonoro del ciclo, especialmente en Madrid Golden Light, el cuarto Opus, que muchos consideran el corazón emocional de la obra. Con OPUS Madrid, Fernando Marín se consolida como una voz singular en el panorama de la composición contemporánea: un artista capaz de tender puentes entre la tradición sinfónica, la canción popular y la poesía, con una autenticidad que solo puede nacer de quien ha vivido intensamente cada nota antes de escribirla.

 

 

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