Entrevista | TIBANA «La música que viene de la calle no necesita permiso para llegar al corazón»

Entrevista | TIBANA «La música que viene de la calle no necesita permiso para llegar al corazón»
  • Cómo las plataformas digitales han devuelto la voz a los artistas que el sistema ignoró

La encontramos en una cafetería del centro. Llega sin prisa, con ese jersey negro de siempre, el diario de piel gastada bajo el brazo y una presencia que ocupa el espacio sin pedirlo. Alexandra Tibana tiene cincuenta años, una voz que parece haber vivido el doble, y la mirada de quien ha aprendido a no esperar que nadie le abra las puertas. Se sienta, pide un café, y antes de que hagamos la primera pregunta ya está mirando por la ventana como si estuviera componiendo algo.

Llevas décadas haciendo música. Sin embargo, hasta hace muy poco el gran público no sabía que existías. ¿Cómo se vive eso?

Con más paz de la que la gente imagina. Yo nunca hice música para que me conocieran. La hice porque no podía no hacerla. Hay cosas que no son una elección — respirar, querer, cantar. Para mí las tres van juntas desde siempre. Lo que pasa es que el mundo en el que yo empecé tenía unas puertas muy concretas y muy pesadas, y si no tenías a alguien que te las abriera desde dentro... simplemente no existías para el sistema. Pero yo existía igual. Cantaba igual. Escribía igual. Solo que en sitios más pequeños.

¿Qué sitios eran esos?

Garitos, calles, plazas. Donde hubiera alguien dispuesto a escuchar. Estuve años vendiendo mis maquetas en CDs que copiaba yo misma en casa — como se hacía entonces. No era lo ideal pero era lo que había. Y hubo gente que se llevó esos CDs a casa y los escuchó una y otra vez. Eso nunca lo olvidaré. Que alguien que no te conoce de nada gaste su dinero en tu música y luego vuelva a buscarte... eso vale más que cualquier contrato discográfico.

Las discográficas te rechazaron. ¿Por qué?

Por la voz. Siempre por la voz. Me decían que era demasiado grave, demasiado quebrada, demasiado... rara. Que no encajaba en lo que el mercado pedía en ese momento. Y puede que tuvieran razón desde su punto de vista comercial. Pero lo que no entendían es que esa voz no era un defecto — era exactamente lo que tenía que decir. Una voz lisa y perfecta no puede contar lo que yo tengo que contar. Para eso necesitas una voz que haya vivido.

¿Y qué ha vivido tu voz?

Sonríe. Toma un sorbo de café. Mira por la ventana un momento antes de responder.

Muchas cosas. Montevideo, Valencia, México. Amor y pérdida en todos los idiomas. Años de escenarios vacíos y años de silencio elegido. He vivido en tres países, he amado de formas que el mundo no siempre entiende, he perdido a gente que era el centro de mi vida. Todo eso está en la voz. No se puede fingir eso. O lo tienes o no lo tienes.

Mencionas México. Hay una etapa de tu vida allí que marca mucho tu música...

México me partió y me rehízo al mismo tiempo. Fui allí por amor — por un hombre que era todo lo que un hombre no debería ser y al mismo tiempo todo lo que yo necesitaba en ese momento. Se llamaba Tacho. Era complicado, peligroso, absolutamente irresistible. Y un día no volvió. Así de simple y así de brutal. Me quedé sola en un país que no era el mío, con una guitarra y unas canciones que de repente tenían mucho más que decir.

¿Cómo sobreviviste a eso?

Cantando. ¿Qué otra cosa iba a hacer? Recorrí México de ciudad en ciudad. Pequeños contratos, pequeños escenarios, gente que no me conocía y que al final de la noche se quedaba a escuchar. Eso me mantuvo viva. La música siempre me ha mantenido viva.

Volviste a España con treinta y dos años. ¿Qué encontraste?

A mi madre. A Nazaret. Al Mediterráneo. Las tres cosas que siempre estuvieron ahí esperándome sin moverse. Cuando llevas años cruzando fronteras y perdiendo cosas, volver a lo que no se mueve es lo más parecido a sanar que he conocido.

Y ahora, con cincuenta años, llegas a Spotify y en días tienes cientos de reproducciones, gente que se aprende tus letras de memoria. ¿Qué sientes?

Se ríe. Una risa real, sin pose.

Que llegué tarde y justo a tiempo. Las dos cosas. Tarde porque llevo treinta años haciendo esto y recién ahora el mundo lo escucha. Justo a tiempo porque si hubiera llegado antes, con veinte o treinta años, no habría tenido todo lo que tengo que contar. Necesitaba vivir todo lo que viví para escribir lo que escribo ahora. Las plataformas como Spotify han hecho algo que nadie había conseguido antes — quitarle el poder a los intermediarios y devolvérselo al oyente. Ahora quien decide si una canción vale no es un señor en un despacho. Es la gente. Y la gente... la gente sabe.

¿Qué le dirías a los artistas que están ahora donde tú estabas hace treinta años — con talento, sin puertas abiertas?

Que no esperen permiso. Que el permiso no existe — te lo inventas tú o no llega nunca. Que hagan su música exactamente como tienen que hacerla, sin doblegarse a lo que el mercado dice que quiere, porque el mercado no sabe lo que quiere hasta que alguien se lo muestra. Y que cuiden sus letras. Que cuiden lo que dicen. Porque la música sin historia es ruido, y el mundo ya tiene demasiado ruido.

En septiembre lanzas «50» — un álbum que lleva tu edad como título. Es un gesto muy valiente en una industria obsesionada con la juventud.

O muy honesto. No lo sé. Tengo cincuenta años y he vivido cada uno de ellos. Esconderlo sería mentirle a la música. Y a la música no se le miente — ella siempre lo cuenta todo de todas formas.

Una última pregunta. ¿Qué es TIBANA?

Pausa larga. Vuelve a mirar por la ventana. Cuando responde lo hace despacio, como quien pesa cada palabra.

TIBANA es todo lo que no pude callar.

Se termina el café. Recoge el diario. Se pone de pie con esa calma de quien no tiene prisa porque ya sabe adónde va. En la puerta se gira un momento. «Gracias por preguntar», dice. Y sale a la calle.

 

 

Visto 97 veces

ENTREVISTA

Go to top
JSN Time 2 is designed by JoomlaShine.com | powered by JSN Sun Framework