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ETA en 2022

ETA en 2022

 

Una frase formaba siempre parte de mis intervenciones en la campaña de las autonómicas vascas de 2005 en las que fui candidata a Lehendakari por el Partido Popular. Eran unas elecciones que afrontaba con ilusión, pero profundamente decepcionada por la traición de Rodríguez Zapatero que permitía a ETA, a través del Partido Comunista de las Tierras Vascas, presentarse a las elecciones sorteando su ilegalización dos años antes. Esta era la frase que ingenuamente repetía “Lo más importante de lo que acabo de deciros se resume en cinco palabras, que ETA pierda toda esperanza”. Me refería obviamente a que ETA no podía aspirar a que nuestra democracia validara un proyecto político totalitario impuesto a base de aterrorizar a nuestra sociedad mediante el asesinato. Hoy, diecisiete años después, debo reconocer con tristeza que estaba equivocada.

Estaba equivocada porque la cesión se ha producido además no de una sola vez, que parece que duele menos, sino de manera sostenida en el tiempo desde diciembre del año 2000 hasta la actualidad. La traición a España y a las víctimas del terrorismo ha venido de la mano de un PSOE que, a pesar de haber padecido en sus filas el zarpazo del terror, ha preferido siempre el cálculo electoral a la defensa de los principios en la lucha contra ETA. En diciembre del año 2000, a la vez que PP y PSOE firmaban el pacto por las libertades y contra el terrorismo comprometiéndose a no negociar jamás con la banda, Zapatero encargaba a Jesús Eguiguren, secretario general de los socialistas guipuzcoanos, que hablara con Otegi para sondear la posibilidad de alcanzar el final de ETA mediante una “solución dialogada”.

Este proyecto fue tomando cuerpo hasta que, en 2004, ya desde el Gobierno, pudo manejar todos los resortes del poder para llevarlo definitivamente a cabo. La consigna era “si dejáis de matar podréis volver a defender vuestro proyecto totalitario en las instituciones” y así, gracias a una estrategia orquestada y negociada desde el Gobierno, fueron apareciendo para humillación de nuestra democracia y nuestro Estado de derecho, uno detrás de otro, los distintos disfraces de la banda, primero el PCTV, después ANV y finalmente y hasta hoy, EH-Bildu. En definitiva, asumir el despropósito de que todas las ideas son legítimas si se defienden por medios pacíficos.

Pues no, todas las ideas no, defender la independencia de un territorio edificada sobre los cadáveres de 857 personas asesinadas, decenas de secuestrados, miles de extorsionados y decenas de miles de expulsados, no puede ser nunca una opción legítima. Además, conviene recordar que, desde su regreso a las instituciones y durante seis años, hasta su anuncio de abandono de las armas en octubre de 2011, ETA siguiendo matando, extorsionando, coaccionando y expulsando a ciudadanos vascos fuera del País Vasco para “adecentar” el censo electoral.

Hoy el legado envenenado de Zapatero ha sido revitalizado por su sucesor Pedro Sánchez con intenciones tanto o más despreciables. Si la traición del primero tenía como aspiración pasar a la historia como el hombre que consiguió el final del terrorismo, el segundo se dedica a blanquear a la banda cada día en el Congreso de los diputados, con la única finalidad de continuar unos meses más en la Moncloa. Le da igual que con ello contribuya a difuminar la responsabilidad de las fuerzas auxiliares de ETA en la pervivencia del terrorismo, la de sus chivatos, la de quienes escondían en sus casas a los asesinos, la de los que les jaleaban en la calle al grito de “ETA mátalos”, la de aquellos que fueron absolutamente imprescindibles para poder asesinar a catorce de sus compañeros de partido.

Esta es la vergonzosa situación a la que hoy nos enfrentamos y aunque su denuncia cada vez tenga menos eco, no por ello dejaremos de alzar la voz los que nos sentimos en deuda permanente con las víctimas del terrorismo. Con ellas y con la España que quisieron y quieren destruir y que, a pesar de todo, seguiremos defendiendo porque somos una gran nación a pesar de que haya momentos en nuestra historia en los que la gente decente, que somos mayoría, nos avergoncemos de nuestros gobernantes.

María San Gil,
Vicepresidente de la Fundación Villacisneros
www.fundacionvillacisneros.es

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